Siempre he sentido una especial atracción por la artesanía. Desde pequeño olía el perfume de muy diferentes maderas al cortarse y oía los ruidos del aserrado de tablones, la carpintería estaba en mi propia casa. Nunca olvidaré la atmósfera que se respiraba en aquel taller. Allí mi abuelo y luego mi padre dirigían los trabajos de ebanistería. A nosotros, de niños, nos gustaba entrar clandestinamente los festivos en aquel taller para hacer nuestros propios juguetes. Cuando fuimos creciendo mi padre no quería que "sufriéramos" los sinsabores de los negocios autónomos y nos aconsejaba que estudiáramos otra cosa. Siempre nos decía lo mismo: "la carpintería como afición". Así cuando llegaba el verano nos metíamos en el taller a hacer pequeños trabajos. Empecé a considerar que aquello iba a ser mi actividad en la jubilación. Mi padre, un gran ebanista, fue innovando esta actividad y llegó a crear muchas obras de arte. Finalmente descubrió una novedosa técnica: fabricar cuadros en tres dimensiones, usando diferentes maderas en variadas tonalidades y diferentes grosores tallados conseguía unos efectos de profundidad y viveza espectacular . Poco antes de perder la vista me enseñó el procedimiento y posteriormente le ayudé en su exposición recopilatoria para su homenaje. Una vez que me jubilé empecé a realizar cuadros para mi entorno. Luego me fueron animando y monté diferentes exposiciones.
Como novedad a lo que habían hecho mis antecesores fui introduciendo mayor colorido en las obras con el uso de nuevas maderas, e incluso materiales teñidos. También he empleado elementos que abaraten el coste y pegamentos rápidos. De esta manera el resultado es espectacular y los precios son más asequibles al cliente. He notado que la evolución es continua. Los deseos de innovar no cesan y el disfrute que produce es impagable.
Antonio Rodríguez Daza.

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